A la una de la mañana
Suena escalofriantemente humana la voz de la gata hambrienta en medio de la noche. Y acaba de empezar, por obra y gracia del shuffle, la Therenody de Penderecki, igual de escalofriante y (gulp) igual de humana. Quizá escalofriante por lo humana.
No hay coincidencias, como diría Baudrillard, porque no hay causas. O, citando bien: "el mundo es el que nos piensa, no de un modo discursivo sino al revés, contra todos nuestros esfuerzos para pensarlo al derecho (…) Incluso las coincidencias van acompañadas de todo un arte"
Un arte bastante irónico justo ahora, por cierto.
