como aquellos pájaros que sólo viven en la Garganta del Diablo, entre la niebla, en la selva. (el primer término de la comparación es indiferente)
En el Sur, la cruz es un papalote y el conejo de la luna está de cabeza. Como naciendo.
Recuerdo también una esquina en Buenos Aires y un encuentro que no se dió; una tormenta con música de Gillespie mientras atravesaba una llanura eterna, la parada en medio de la noche de Neuquén (aunque la estación se llamaba Cipolletti) con un viejo que tomaba café y miraba como los camiones iban y venían. Un momento en que no podía comprar cerillos por no acordarme del sinónimo (fósforos) y sentirme extranjero por primera vez.
Y muchas cosas más, por supuesto.
